Asociación Civil Memoria Palermo
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Baldosas por la Memoria

Mirta Alonso y Oscar Lautaro Hueravilo

Militantes populares detenidos desaparecidos por el Terrorismo de Estado el 19 de mayo de 1977

Armado: 2013
Colocación: 16 de marzo de 2013
Fitz Roy 2294. Palermo. CABA


Mirta y Oscar tenían 24 y 23 años respectivamente, trabajaban en las Bodegas Peñaflor y cursaban estudios universitarios, ambos eran militantes del PC, ella además era docente.
Secuestrados el 19/05/77, intentaron capturarlos en el velorio del abuelo de Mirta, solo estaba ella, más tarde fueron por Oscar al domicilio del matrimonio en Fitz Roy 2294. Allí fue colocada el 16/03/13 la baldosa que nos recuerda el compromiso de lucha y la entrega de ambos y simultáneamente mantiene vivo el reclamo por Verdad y Justicia.

Oscar y Eliana Saavedra, padres de Oscar, que años antes habían buscado refugio en la Argentina huyendo de la Chile de Pinochet, honraron la memoria de su hijo y de su nuera militando en Padres (1) ,(2) y Madres de Plaza de Mayo (3) respectivamente. Ella falleció el 16/04/19. Mirta dio a luz el 11/08/77 en lo que era el Casino de Oficiales de la ESMA. Antes de que arrancaran al niño de su lado lo marcó en una oreja, seguramente para reconocerlo en un reencuentro que sus verdugos le negaron a ambos. Batalló para amamantar a su hijo, logró hacerlo durante 3 semanas. Luego “el traslado”. Tanto amor tuvo su premio: Emiliano Lautaro (4), su hijo, fue abandonado en Casa Cuna, desde donde sus abuelos lograron recuperarlo el 14/12/77, -“La Pequeña lo tomó en sus brazos y lo abrazó fuertemente. El bebé no la largó nunca más”-, cuenta el abuelo Oscar, la Pequeña es la abuela Eliana. Aquel bebé es hoy uno de los fundadores de la agrupación HIJOS y actual Secretario de Derechos Humanos de la Asociación Trabajadores del Estado de la Provincia de Buenos Aires (ATE) (4).
A Mirta, madre de Emiliano, además se la recuerda enlazada junto a 14 compañeras también asesinadas o desaparecidas por el terrorismo de estado en 4 baldosas, colocadas el 27/03/19 en Güemes 3859 sede de la Escuela Superior Normal 6, donde cursaron estudios. Huellas para visibilizar 15 historias de vida y de lucha.

“La memoria suele recorrer caminos curiosos. Muchas veces los recuerdos permanecen agazapados y, repentinamente, nos golpean para arrancarnos una sonrisa o dolorosas lágrimas. Aparecen imágenes como fotos, gestos, voces, miradas, que lograron burlarse del paso del tiempo y permanecer allí, rotundas, plenas, indestructibles. Están aquí, están en nosotros porque forman parte de nuestra propia historia. Son piezas del rompecabezas que conforma nuestra identidad”.
(Fragmento de la reflexión de su hermana, Graciela Alonso el día de la colocación de la baldosa).

(1) “Padres de Plaza de Mayo. Memorias de una lucha silenciosa”. Editorial Marea, 2014
(2) www.encuentro.gob.ar Video “Padres de Ia Plaza”
(3) www.ctabuenosaires.org.ar (17/04/19)
(4) www.canalabierto.com.ar “La oreja de Emiliano”


“A todos nosotros, durante estos 36 años, se nos hizo indispensable obstinarnos en buscar la memoria, la verdad y la justicia. No hace falta emplear frases altisonantes, no es necesario usar recursos efectistas para rescatar la memoria de los nuestros, de los que amamos y nos fueron arrancados impunemente con la soberbia y la brutalidad de la barbarie. Es tan fácil separar la luz de la tiniebla, la vida de la muerte, la belleza del horror, que no tenemos más alternativa que rescatar esas vidas cercenadas por la garra repugnante del terrorismo de Estado. Y para hacerlo, no hace falta ponerse solemnes, no hace falta pensar en argumentaciones difíciles, solamente es necesario reestablecer los lazos que nos unen indisolublemente con los sueños y las ideas por las que les arrebataron la vida. Recordar a Mirta, mi hermana mayor, me transporta inmediatamente a la infancia. En aquella etapa, su presencia ocupaba un lugar central. Ella amaba la vida y llevaba adelante sus proyectos con absoluta dedicación. Fue una estudiante muy responsable. Naturalmente inquieta y curiosa. Sus preocupaciones culturales hicieron de ella una amante del cine y una asidua lectora. Su mirada profunda, su sonrisa alegre y la ternura de su paciencia infinita están conjuradas en mi memoria para siempre. Si durante la infancia, mi hermana significó un referente incuestionable para mí porque era mi guía, ya que ocupaba el lugar del saber y era una persona en la que podía confiar absolutamente, puesto que era capaz de velar por mí en cualquier circunstancia; durante la adolescencia, encarnó una figura diferente. En aquellos días, ella comenzó a plantearse un compromiso solidario con su entorno, fue el tiempo de la militancia política y la preocupación social. Estosignificó para mí un desafío apasionante. Es cierto que si bien en mi casa las inquietudes políticas siempre estuvieron presentes, fundamentalmente a partir de las charlas constantes de mi padre y de mi abuelo sobre esos temas, fue especialmente con mi hermana con quien yo comencé también a cuestionarme sobre la justicia social. Tenía 24 años, estaba embarazada de seis meses cuando la secuestraron aquel 19 de mayo de 1977 del velatorio de nuestro abuelo materno, mientras su compañero también era detenido, en la misma madrugada, en este preciso lugar. La sombra negra de la dictadura militar truncó sus vidas y nos destrozó a todos. Pero su muerte, la muerte de su pareja y la de todos los compañeros desaparecidos se erigen en símbolo de lucha y resistencia contra la ignominia vergonzosa del terrorismo de Estado. La memoria suele recorrer caminos curiosos. Muchas veces los recuerdos permanecen agazapados y, repentinamente, nos golpean para arrancarnos una sonrisa o dolorosas lágrimas. Este lugar, donde estamos hoy, es especialmente conmovedor porque aquí vivieron y por eso, es más fácil para los que compartimos aquellos años, podemos encontrar las huellas que la vida cotidiana va construyendo mansamente. Aparecen imágenes como fotos, gestos, voces, miradas, que lograron burlarse del paso del tiempo y permanecen allí, rotundas, plenas, indestructibles. Están aquí, están en nosotros porque forman parte de nuestra propia historia. Son piezas del rompecabezas que conforma nuestra identidad. Los ideales por los que lucharon, compartidos por nuestros mayores, permanecen vivos, germinaron en nosotros, se multiplicaron en nuestros hijos y palpitan con más fuerza todavía en una nueva generación que quiere mirarse en el espejo que refleja el compromiso, la entrega y la lucha inclaudicable por lograr una sociedad más justa. Los crímenes de lesa humanidad colocan a sus víctimas, inevitablemente, en una dimensión heroica y así debe ser; porque el avasallamiento de un derecho tan elemental como la vida debe trascender lo individual. Sin embargo, hoy no quiero recordar a mi hermana de ese modo. Deseo que mi evocación de ella sea simple, singular, esencialmente íntima porque es así como la recuerdo siempre, porque es así como me hace falta”.

Graciela Alonso, hermana


BARRIOS X MEMORIA Y JUSTICIA