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Baldosas por la Memoria

Susana Beatriz Libedinsky Rabej

Armado: 22 de agosto de 2018
Colocación: Septiembre 2018 (a definir). ISPEI Sara C. de Eccleston. Dorrego 3451. CABA

Junto con la comunidad educativa Sara Eccleston armamos una baldosa homenaje a Susana Beatriz Libedinsky Rabej. Militante popular desaparecida el 18 de mayo de 1976, tenía 18 años.


Susana Libedinsky nació el 8 de febrero de 1958 en Tigre, provincia de Buenos Aires. Sus padres, Dora Rabey y Roberto Libedinsky. Sus abuelos maternos, Raquel Walsvaser y Jacobo Rabey. Sus abuelos paternos, María Mercedes Bauncan y Roberto Libedinsky. Sus hermanos Guillermo Ariel y Jorge. Importa señalar este árbol genealógico, porque todos los testimonios judiciales y periodísticos sobre la dictadura hablan del particular odio con que los represores actuaban sobre los secuestrados de ascendencia judía. No es extraño, dada la formación ideológica de componentes nazifascistas de aquellos militares.

Susana cursó sus estudios primarios y secundarios en San Fernando, provincia de Buenos Aires, y el profesorado de Jardín de Infantes "Sara Ecleston" en la capital federal. La relación de Susana con su familia era intensa, compartían sus ideales y su trabajo, que realizaba como asistente social en la Villa Garupá, enclavada entre San Fernando y Tigre, provincia de Buenos Aires. Lectora y amante de las letras, en sus ratos libres escribía poesía.

Su abuelo paterno, el doctor Roberto Libedinsky y su abuela, la señora María Mercedes Bauncan, pertenecían a familias tradicionales de Villa María. Don Roberto vivía en la calle José Ingenieros, al lado del viejo Correo, un hombre muy inquieto y comprometido con la justicia y con los altos principios de solidaridad humana. Estuvo vinculado y fue representante durante muchos años de Naciones Unidas y Unicef, trabajando intensamente con estos organismos, especialmente en las escuelas de Villa María. Seguramente Susana heredó de su abuelo la inquietud solidaria de entregarse a los más necesitados y volcó su vocación y pasión para mejorar sus condiciones. Susana creía fervientemente en los ideales de justicia, y se preparó profesionalmente para dedicarse plenamente a ese ideario, en el corto tiempo de su vida.

Al Dr. Roberto Libedinsky, odontólogo y papá de Susana –que lleva el mismo nombre de su padre- lo conocí a través de don Gregorio Felipe, quien me habló de su situación y me proporcionó los datos de contacto.

Cuando eso ocurrió vivía en España; nos comunicamos vía internet y a partir de allí nació una amistad que se profundizó cuando vino a radicarse un tiempo en Villa María y luego definitivamente en Córdoba. Roberto había ejercido su profesión de odontólogo en Villa María hasta que se radicó en Buenos Aires, donde, como se dijo, nació su hija. Hablamos de la tragedia que vivió la familia con el secuestro y la desaparición de Susana. A pesar del tiempo transcurrido, este padre no tenía calma ni sosiego, y en sus ojos se podía notar la ausencia de su hija. Se explayó sobre la sensibilidad social de Susana, su amor a los más necesitados, su preocupación por los pobres de las villas miseria. Esa actitud fue su desatino, su extravagancia a los ojos de los represores: un incomprensible amor por los pobres.

El 18 de mayo de 1976, a la madrugada, un grupo fuertemente armado irrumpió en su hogar de la calle Constitución, en la localidad de San Fernando, en el Gran Buenos Aires, derribando la puerta de acceso a la casa. Entraron abruptamente siete u ocho personas vestidas de civil que no dejaron nada sin “requisar”. Ante el atropello, su padre Roberto se identificó como oficial del cuerpo de bomberos de San Fernando, pero la patota siguió su procedimiento.

Por último, se llevaron a Susana con el propósito de interrogarla, según dijeron, agregando que luego volvería. La cargaron en un auto Ford Falcon estacionado en el extremo de la calle y esa fue la última vez que sus padres y sus hermanos vieron a Susana. Tenía 18 años. Mientras quien esto escribe relata los hechos, no puede dejar de sentir un estremecimiento: ¡tenía 18 años!

No obstante, como un condimento de crueldad e incertidumbre a la tragedia, en días siguientes recibieron dos o tres breves llamados telefónicos de Susana, prueba de que estaba viva, hasta que los llamados cesaron y no se supo más de ella. Con los años, la familia pudo averiguar que estuvo detenida clandestinamente en Campo de Mayo.

Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Junta Central, le rindió su homenaje en 1991 cuando organizó el Premio de Poesía "Susana Beatriz Libedinsky".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BARRIOS X MEMORIA Y JUSTICIA